Camelle es un pequeño pueblo costero de la Costa da Morte que guarda una de las historias más fascinantes que uno pueda imaginar, pues aquí, en este rincón de Galicia, vivió probablemente el último ermitaño, un extraño personaje que los lugareños conocían como "Man, el alemán de Camelle". Algunos decían de él que era un loco, otros un artista con alma de filósofo, pero las definiciones son muchas veces subjetivas, quizás en su locura se encontraba su verdad, pues, qué es muchas veces la verdad sino el reflejo de nuestras propias convicciones. Su estilo de vida de máxima austeridad contrasta con nuestra sociedad de consumo, cuyo materialismo muchas veces es desproporcionado. Este excesivo materialismo pone en peligro la naturaleza que tanto amaba «Man, el alemán de Camelle», un hombre cuya vida estará siempre ligada a este pequeño pueblo costero.

Man, el alemán de Camelle

La historia de Man, el alemán que llegó a Camelle

Toda persona tiene su pasado y la de Man se sitúa en la ciudad de Radofzell, población situada a orillas del lago Constanza, al sur de Alemania. Aquí fue donde nació Manfred Gnädinger el 27 de enero de 1936, lugar en el que desde muy joven mostró su vocación artística trabajando de pastelero en una fábrica de chocolates donde daba rienda suelta a su imaginación. Su inspiración artística necesitaba nuevos horizontes por lo que marchó a Italia para formarse como escultor y pintor, esto le sirvió para que tiempo después, con la experiencia acumulada, marchara a Suiza para impartir clases de arte.
Manfred Gnädinger

Tenía tan sólo 25 años cuando volvió de nuevo a su ciudad natal, pero poco tiempo permaneció allí, pues había oído hablar de la Costa da Morte y sus leyendas, quedando desde entonces fascinado por sus historias, por lo que decidió partir hacía aquellas tierras. En su viaje hacía tierras gallegas visitó algunos lugares de Francia y el norte de España, hasta llegar a Traba de Laxe en junio de 1962. Aquí fue informado que en la población de Camelle residía una mujer de origen alsaciano que sabía hablar alemán, por lo que en compañía de un grupo de romeros que iban a las misas del Espíritu Santo de aquella población partieron hacía allá llegando el 15 de junio. Foto de Manfred Gnädinger con 17 años (Museo de Man)

Camelle, Costa da Morte, Galicia
Camelle, el pueblo que acogió a Manfred Gnädinger

Nada mas llegar a Camelle, Man fue a conocer a la mujer alsaciana de la que le habían hablado, se trataba de Eugenia Heim, quien estaba casada con el señor Baña, un empresario al que había conocido en Buenos Aires. Esta mujer se convirtió como una madre para el joven Manfred, pues además de permitirle vivir en una casa contigua a la suya, también conversaba con él todas las tardes en alemán. Con los hijos de Eugenia también trabó una gran amistad, sobre todo con Pepe Baña, que era profesor, y con el cual compartió inquietudes literarias y artísticas.

Manfred, durante la década que vivió con la familia Baña Heim, conoció a una mujer amiga de Pepe Baña a la que daba clases de alemán y de la que llegó a enamorarse. Este amor no fue correspondido, lo que hizo que Manfred se centrará más en el estudio sobre el arte y la naturaleza, llegando a traer a la casa culebras y ranas, motivo por el cual empezó a tener algunas desavenencias con la familia, circunstancia ésta que hizo que con el tiempo fuera expulsado de la casa.

A partir de ese momento empezó a fraguarse la vida eremítica de Manfred pues éste decidió comprar un terreno en la ribeira de Camelle, más concretamente en la conocida como Punta do Boi, donde con la ayuda de unos vecinos levantó una pequeña caseta en la que viviría a partir de entonces como un ermitaño, corría el año 1972.

Jardin de Manfred, Camelle
Vivenda de Manfred con los restos de sus creaciones artísticas

La transformación de Manfred Gnädinger

Desde ese momento Manfred empezó a desprenderse de sus trajes, llevando sólo como vestimenta un pequeño taparrabos. La transformación se había completado, ya no era Manfred Gnädinger, sino Man, como él quería que le llamasen a partir de entonces, diciéndole a todo el mundo: "Desde ahora viviré como Robinson". Comenzó a pintar sus caseta con círculos de colores, y alrededor de ella empezó a realizar su particular obra construyendo columnas de piedra, muros y extrañas figuras hechas con toda clase de materiales que el mar le entregaba, algunos de ellos procedentes de nuestro a veces alocado progreso.

A la vez que crecía su cabello y su barba iba también creciendo su creación artística convirtiéndose en una especie de museo al aire libre, donde además iba plantando su propio huerto. Era habitual verle nadar haciendo grandes travesías o realizando largas caminatas hacía los montes cercanos, comenzándose a gestar esa imagen de ermitaño por la que se hizo conocido, ya que su excéntrica vida empezó a ser motivo de curiosidad, no sólo para los habitantes de Camelle, sino también para mucha gente de fuera.

Manfred Gnädinger

Una filosofía de vida apegada a la naturaleza

Man fue un ferviente defensor de la naturaleza, de hecho, en los años 80 llegó a ponerse delante de las máquinas que querían construir un muro de hormigón para ampliar el puerto de Camelle, consiguiendo paralizar las obras. Fue una victoria efímera, pues poco tiempo después se construyó este muro de hormigón, y aunque Man esta vez no pudo hacer nada para impedirlo, si que logró expresar su malestar tendiéndose sobre el cemento fresco quedando así plasmada su figura en señal de protesta.

Hubo también gente que se acercaba a él para hablar y conocerle algo mejor, hasta incluso llegó algún que otro periodista a Camelle para entrevistarle. Algunas preguntas que le hacían estaban vinculadas a la religión o a las creencias, y él contestaba que hay "tantas religiones como almas". Man también decía que "el circulo es el origen, es el embrión de los elementos" y que "el cuadrado es un circulo de cuatro puntos, el cuadrado se inscribe en la circunferencia", haciendo clara referencia a la cuadratura del circulo, mostrando así sus amplios conocimientos.

Man, el alemán de Camelle

La alfombra negra del Prestige

El 19 de noviembre del 2002 ocurrió uno de los mayores desastres ecológicos acaecidos en Europa. Un petrolero de nombre Prestige, que llevaba varios días a la deriva frente a las costas gallegas, vertió al mar las 77.000 toneladas de crudo que llevaba a causa de una desafortunada maniobra por intentar alejarlo de la costa, haciendo que el buque se partiera en dos. Cuando ocurrió este desastre el barco se encontraba a 28 millas de Finisterre, llegando la mancha negra hasta las aguas de la costa francesa y portuguesa.

Uno de los lugares más afectados por este vertido de crudo fue la población de Camelle, cuyas aguas fueron ensombrecidas por este viscoso líquido negro, uno de los estandartes de nuestro progreso pero causante también de nuestros mayores desastres ecológicos. La visión de su querida costa y de sus obras cubiertas por este chapapote causó en Man una fuerte y negativa impresión, haciendo que su alma también se ensombreciera. A las gentes que se acercaban a ver esta debacle les decía: "Yo decir que esto no debe limpiarse nunca..., ser episodio de la historia. Quedar así debe, para todos recordar quién es hombre, porque hombre no querer hombre, ni a mar, ni a peces ni playa".

El 28 de diciembre del 2002, día de los Santos Inocentes, se encontró el cuerpo sin vida de Man en su caseta, todo parecía indicar que tras este desastre, Man se dejó morir. En su caseta también encontraron una caja con 606 fotos y anotaciones, todo ello ordenado según un código alfanumérico. Aún no ha habido nadie que haya logrado interpretar sus cripticos manuscritos escritos en alemán.

Chapapote jardín de Man

En memoria de Man, el artista ermitaño

Man tenía un sueño, conseguir que su obra fuera conservada, para ello quiso donar al Ministerio de Cultura los l20.000€ que tenía ahorrados gracias a sus trabajos en Alemania e Italia. Pero todo este dinero no fue utilizado para lo que él proponía, ya que este ministerio no lo reclamó tras su muerte, así que transcurrido el plazo legal fue hacienda quién se quedó con el dinero, además de 1.000€ que se habían encontrado en su caseta. Este dinero lo había logrado reunir gracias al importe simbólico que cobraba a los curiosos que se acercaban a presenciar sus obras. A cada una de estas personas les entregaba una libreta pidiéndoles que dibujasen lo que veían, guardándolas posteriormente en su caseta, pues para él eran el reflejo del alma de cada una de estas gentes.

Una muestra de que Man sigue presente en la memoria del pueblo es el Museo Man de Camelle, una exposición sobre su vida y obra que abrió sus puertas por primera vez el 05 de junio del año 2015. Este proyecto está subvencionado por el Grupo de Acción Costeira GAG-3, y entre sus paredes podremos ver parte de sus creaciones artísticas, sus libros manipulados y sus cuadernos de notas, además de fotografías y documentos con aforismos y reflexiones de Man. Cómo dando la bienvenida al museo se encuentra la figura de Man, realizada en granito por el escultor Francisco Castro, quién la elaboró a tamaño natural, cerrándose así el círculo del proyecto Man (Mar, Arte y Naturaleza).

Museo de Man, Camelle

Horarios y tarifas: Julio y agosto de 11 a 13 y de 16 a 19 (lunes cerrado) Resto del año fines de semana y festivos de 11 a 13 y de 16 a 19. El precio es de 1€ por persona.