Es difícil explicar la sensación que nos produce la visión a lo lejos de Villa Excélsior, una mansión abandonada cubierta ya en parte por la vegetación, donde la soledad parece ser la única habitante entre sus muros. La curiosidad nos atrapa, y como si fuéramos atraídos por una ensoñadora melodía avanzamos como sonámbulos hacía la verja de entrada de la mansión.

Villa Excélsior, Luarca, Asturias

La puerta de hierros oxidados se encuentra abierta, invitándonos a entrar para conocer los secretos que guarda este edificio de arquitectura fantástica, pero una sensación extraña nos hace ir con cautela. Su aspecto fantasmagórico hace que crezca en nosotros la duda, haciendo que la mente comience a generar nuestros propios miedos, viendo fantasmas y sombras donde no los hay. Pero el camino empedrado que lleva a la casa, casi imperceptible por la exuberante vegetación que prácticamente lo cubre, nos vuelve a atraer hacía ella.

Antes de cruzar la puerta de entrada que nos conduce al interior, pasamos por debajo de un escudo de piedra donde se encuentran esculpidas las siglas de los apellidos de sus antiguos dueños, una familia cuya historia va ligada indisolublemente a la de esta mansión, y que contaremos brevemente para ambientarnos mejor.

Villa Excélsior, Luarca, Asturias

El sueño de Manuel Méndez de Andés

Manuel Méndez de Andés, sobrino de un asturiano con el mismo nombre que hizo fortuna en Argentina a mediados del siglo XIX, mandó construir este magnífico palacio indiano en el año 1912, gracias a los beneficios que le reportaban los negocios que heredó de su tío. Para tal empresa solicitó los servicios del arquitecto Manuel del Busto, quien mezclo en su construcción elementos arquitectónicos de estilo clásico y modernista, siendo culminada esta gran obra por una torre con cúpula cubierta de azulejos verdes. En los alrededores de este palacete también se comenzó a trabajar en un gran y magnífico jardín diseñado por Pedro Múgica, un vergel con una gran variedad de flores entre las que se encontraban begonias, petunias, claveles, pensamientos y hortensias, además de árboles traídos de todas partes del mundo como palmeras, cedros, cipreses, tilos y acacias.

Villa Excélsior, Luarca, Asturias

Aquí vivió Manuel con su mujer Tarsila y sus seis hijos, aunque para atender sus negocios tuvo que hacer constantes viajes a América, más concretamente a Argentina. Como su tío, Manuel fue un hombre bueno y generoso, pero demasiado confiado en sus administradores, por lo que esta circunstancia junto con los devenires cambiantes en el tiempo hicieron que sus negocios fueran paulatinamente generando menos beneficios, hasta el punto de tener que cerrar todas sus empresas en el año 1931. Esta situación le hizo plantearse volver a España definitivamente, aunque nunca llegaría a desembarcar en Asturias, pues durante el trayecto Manuel apareció muerto en su camarote. Su mujer Tarsila junto con sus hijos siguieron viviendo en 'Villa Excélsior' gracias a la ayuda de los padres de ella que vivían cerca del palacete.

Familia Méndez de Andés, Villa Excélsior, Luarca, Asturias
Foto: El Jardín de Villa Excélsior de Zanobbi
Tarsila seguía celebrando fiestas en la villa, pero la falta de la riqueza de antaño hizo que se descuidara el mantenimiento de la casa, siendo el preludio del abandono que se avecinaba. Los años fueron pasando y de todos los miembros de la familia, la única que permaneció en Villa Excélsior fue una de las hijas del matrimonio, Esther Méndez de Andés Blanco, quien a pesar del estado cada vez más ruinoso de la casa nunca quiso dejarla, pasando solamente los veranos en ella, pues los inviernos los pasaba en Madrid. Esther falleció en el año 1999 a la edad de 99 años, y a partir de entonces Villa Excélsior quedó completamente abandonada y en ruinas, tal como nosotros la encontramos en este momento.

Las sombras del pasado de Villa Excélsior

Accedemos por el desvencijado recibidor entre trozos de cristales, maderas y pedazos de yeso desconchados hasta llegar a una gran sala, donde solo queda una mesa de billar cubierta de polvo en la que aún nos parece escuchar el sonido de las bolas al chocar. Giramos la vista hacia la izquierda y vemos una preciosa escalera de mármol que sube hasta la primera planta. Su visión nos retrotrae a tiempos pasados y nos viene a la cabeza esas imágenes de fantasmas deslizándose por las escaleras que poco después desaparecen paulatinamente. Siguiendo la estela de este fantasma imaginario subimos las escaleras con una emoción creciente ante lo que nos podemos encontrar más adelante.

Villa Excélsior, Luarca, Asturias

Una vez arriba nuestros pasos se hacen más cautelosos, pues el suelo que pisamos se encuentra en muy mal estado, así que como si no quisiéramos hacer ruido andamos casi de puntillas hacía las habitaciones.

Villa Excélsior, Luarca, Asturias

La casa desvalijada tantas veces ha ido perdiendo mucho de los enseres que albergaba, quedando aún entre las paredes de una de las habitaciones un viejo piano destrozado, junto con un extraño compañero fuera de lugar, una silla de plástico. Cuantas notas y melodías debieron salir de esta habitación procedente de este piano hoy mudo, habitación que hoy solamente escucha el susurro del viento que de vez en cuando entra por la ventana.

Villa Excélsior, Luarca, Asturias

El deterioro de sus paredes y techos se hace patente en alguna de las habitaciones, las cuales no nos invitan a entrar, pues sus suelos de madera carcomidos nos muestra grandes agujeros alertándonos de que el lugar no es muy seguro.

Villa Excélsior, Luarca, Asturias

Villa Excélsior, Luarca, Asturias

En el interior de una de las habitaciones encontramos otras escaleras, esta vez de madera, que en espiral suben hasta lo más alto de la casa y que nos conducen hasta una sala circular de amplios ventanales. Estamos justo en el interior de la hermosa torre de la cúpula verde y desde aquí se obtienen una formidables vistas del jardín ahora tan descuidado, pero si agudizamos la vista, detrás de las praderas verdes veremos el mar.

Villa Excélsior, Luarca, Asturias

Se nos entristece el alma al ver la situación en la que se encuentra este magnífico edificio y, nos preguntamos como ha podido llegar a esta situación. Por lo que hemos leído los familiares no han querido o no han podido hacerse cargo de Villa Excélsior, y en el año 2010 este inmueble fue comprado por una empresa para convertirlo en un hotel, pero como se ve las obras aún no han comenzado. Esperemos que esta situación cambie pronto ante el peligro de derrumbe de esta preciosa casa de indianos, y así poder seguir disfrutando de este palacio de cúpulas verdes.

Villa Excélsior, Luarca, Asturias