Una de las colecciones más importantes de antigüedades egipcias del mundo se encuentra en el Museo del Louvre, en cuyas salas inauguradas en el año 1.827 se exponen multitud de piezas colocadas cronológicamente, abarcando desde finales de la Prehistoria en el 4.000 a.C hasta la época Cristiana. En esta sección disfrutaremos de algunas de las mejores obras de arte del Antiguo Egipto, a través de las cuales conoceremos un poco más de esta enigmática civilización.

Sala antigüedades egipcias del Museo del Louvre, París

Para visitar esta magnífica colección tenemos que dirigirnos a la sala Sully donde se encuentra esta sección divida en dos plantas. Nada más entrar a esta zona del museo nos recibe la esfinge de Tanis, encontrada en el año 1825 entre las ruinas del templo de Amón-Ra, en la población egipcia de Tanis. Por los estudios realizados en ella se sabe que fue tallada en el año 2.600 a.C. durante el Imperio Antiguo. Esta esfinge es una criatura fabulosa que representa la estrecha relación simbólica entre el Dios sol (cuerpo de León) y el faraón (cabeza humana).

Esfinge de Tanis, Museo del Louvre, París
Esfinge de Tanis
Fruto de las excavaciones realizadas desde mediados del siglo XIX en Egipto, podemos encontrar aquí numerosas muestras de su arte, donde conseguiremos una mayor apreciación de su legado cultural.

Familia Betchou, Museo del Louvre, París
Familia Betchou, 18º dinatiía (1.500 a.C.)

La creencia en el mas allá

Los antiguos egipcios creían en la vida más allá de la muerte, por lo que a sus difuntos una vez momificados les cubrían la cara con una elaborada máscara preparándolos para el viaje al más allá. Para los egipcios el Ka era la esencia divina del individuo, dividiéndose en Bâ (alma) y Akh (espíritu).

Máscara funeraria egipcia, Museo del Louvre, París
Máscara funeraria de la 18º dinastía (1.400-1.300 a.C.)
A continuación el cuerpo del difunto era introducido en un sarcófago, siendo estos de madera en las dos primeras dinastías, hasta que la escasez de este material hizo que en la III dinastía se empezaran a construir sarcófagos de piedra. Estos sarcófagos también tenían su carga simbólica, ya que su interior representaba para los egipcios la imagen del cosmos tal como era entendido por ellos, representando a la diosa del cielo Nut en la cúpula celeste. También se escribían pequeños textos de contenido mágico relacionados con el viaje del difunto hacía la eternidad.

Sarcófago de Iymhétep, colección Egipto, Museo del Louvre, París
Sarcófago de Iymhétep (época ptolemaica, siglos IV - I a.C.)
A partir del Imperio Nuevo, en el año 1500 a.C., los sarcófagos se comenzaron a realizar de forma rectangular, escribiéndose sobre ellos textos y figuras religiosas, como es el caso del sarcófago de Ramsès III donde se encuentra grabada la gran figura alada de Isis, la cual era conocida como la gran maga o gran diosa madre.

Sarcófago de Ramsès III, colección Egipto, Museo del Louvre, París
Sarcófago de Ramsès III (1.153 a.C)

La escritura en el Antiguo Egipto

La escritura apareció en esta milenaria civilización entorno al año 3.000 a.C. atribuyéndose su creación al dios de la sabiduría Thot. El sistema de esta escritura está formada por una compleja mezcla de signos ideográficos (signos que expresan una idea) y signos fonéticos (signos que expresan un sonido).

Esta escritura fue muy importante para conocer grandes aspectos de la cultura egipcia, sobre todo tras la aparición de la piedra Rosetta, un fragmento de basalto perteneciente a una antigua estela egipcia, en la cual se encuentra una inscripción trilingüe dividida en egipcio jeroglífico, egipcio demótico y griego, siendo interpretada por Jean-François Champollion en el año 1822. (Para más información sobre la piedra Rosetta os recomendamos un artículo en el que hablamos más extensamente sobre ella).

Figura de Hapouséneb, Museo del Louvre, París
Figura de Hapouséneb, sumo sacerdote de la reina Hatshepsut (1.460 a.C.)
Los responsables de la escritura egipcia eran los llamados Escribas, los cuales se encargaban de realizar o copiar varios tipos de textos, además de clasificarlos. Para ello, los escribas se formaban en escuelas adscritas al Palacio y al Templo, donde a partir de los cuatro años se les enseñaba a leer y escribir, prolongándose estas enseñanzas hasta los diecisiete años.

Los primeros textos que realizaba el aprendiz los hacía sobre tablillas de madera hasta que iba cogiendo experiencia, y una vez adquirida ya podía realizar los textos sobre papiros. En estas escuelas a los escribas también se les instruía en otras enseñanzas como geografía, matemáticas y dibujo.

Escriba en el museo del Louvre, París
Escriba en el trabajo, IV-V dinastía (2620-2350 a.C)

Escriba contador, Museo del Louvre, París
Escriba contador Djehoutynéfer y su esposa Bénemeb, XVIII dinastía (1550-1320 a.C.)
Los escribas realizaban la escritura sobre paletas con un rollo de papiro situado sobre sus rodillas, siendo la escritura de derecha e izquierda en posición vertical, utilizando para ello tinta de color negra, aunque también utilizaban la tinta roja para resaltar alguna parte destacada del texto.

Una de las esculturas más representativas sobre un escriba se encuentra aquí en el museo del Louvre. Se trata de la figura de un escriba sentado de autor desconocido encontrada en el siglo XIX en Saqqara. Esta escultura nos muestra la calidad y perfección que llegó a tener esta gran civilización ya desde el Imperio Antiguo.

El escriba sentado, figura más representativa del museo del Louvre
Escriba sentado, IV-V dinastía (2600-2350 a.C)
De esta obra destacamos la expresividad y realismo de su rostro, llamando sobre todo la atención sus ojos realizados con cristal de roca, que le dan una gran vivacidad a su mirada.

El escriba sentado, figura más representativa del museo del Louvre

En esta amplia exposición también encontraremos una gran diversidad de figuras, como por ejemplo esta estatuilla que muestra a una muchacha nadando con una cesta en forma de pato, siendo en realidad una cuchara, y cuya datación se estima hacía el 1350 a.C.

Figura de una cuchara en forma de pato, museo del Louvre, París

Los dioses y la magia

Los antiguos egipcios creían en numerosas divinidades, de los cuales algunas tenían forma humana, otras apariencia de animales y algunas una apariencia mixta. Para acceder a ellas los hombres tenían que recurrir a la magia realizando diferentes rituales, en los cuales se recitaban textos sagrados.

Una de estas divinidades es la diosa Hathor, diosa del amor, de la alegría, la danza y las artes musicales. El origen de su veneración viene de la época predinástica, a la cual se la rendía culto como diosa de la fertilidad y la naturaleza. Muchos templos del Antiguo Egipto están dedicados a ella como por ejemplo, el de Abu Simbel, Deir el-Bahari y Gebelein, entre otros.

La diosa Hathor, museo del Louvre, París
La diosa Hathor, escultura del siglo III a.C.

Akenatón, el rey hereje

En esta sección no podía faltar la figura de uno de los reyes del Antiguo Egipto más enigmáticos de toda la historia de esta gran civilización, se trata de Akenatón, el rey hereje. Esta denominación se le atribuye por ser el primer gobernante en la historia en sustituir el culto establecido. Su herejía fue sustituir a los dioses tradicionales egipcios por el culto al disco solar, basándose esta nueva religión en la adoración al sol, que con su calor da vida a todos los seres de la tierra. Bajo esta premisa también cambió su nombre de AmenHotep por el de Akenatón, cuyo significado es adorador de Aton (del sol). También creó una nueva capital llamada Aketatón, cuyo significado es "Horizonte de Aton".

Su reinado comenzó en el año 1353 a.C. y una de las primeras cosas que hizo fue prescindir de las instituciones religiosas, las cuales tenían una gran riqueza y poder, circunstancia esta que agradó sumamente al pueblo. Akenatón estuvo casado con la reina Nefertiti, con la que tuvo seis hijas y dos hijos, la cual asumió las funciones de corregente, único caso en la historia anterior egipcia.

El rey Akenatón, museo del Louvre, París

Según algunos historiadores el inicio de este cambio religioso se produjo tras un encuentro que tuvo Akenatón con un objeto luminoso posado sobre una roca, el cual le reveló como debeía ser la nueva religión para Egipto. Este pasaje valió para que muchos investigadores heterodoxos vincularan este extraño objeto luminoso con un ovni o nave extraterrestre. Otra de las cosas que llamó la atención de este rey egipcio fue su peculiar físico, en el que se pueden apreciar una combinación de rasgos femeninos y masculinos, un cuerpo estrecho, vientre abultado y extremidades largas y delgadas, destacando su alargado cráneo.

Su visión totalmente distinta de la religión, el encuentro con ese extraño objeto luminoso y sobre todo su particular fisionomía, hicieron pensar a muchos que su ADN era extraterrestre, incrementando más si cabe el aura enigmática de este personaje. ¿Realidad o leyenda?, quien sabe.



El Antiguo Egipto siempre nos ha fascinado, ya que sus templos y sus pirámides guardan numerosos enigmas aún sin resolver, haciéndonos volar nuestra imaginación. Por eso, esta sección dedicada a esta milenaria civilización nos ha ayudado un poco más a conocerla.

Museo del Louvre, París
Fabricación del pan, V dinastía (2.500-2.350 a.C.)

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